Bob Dylan, 50 años de su primera grabación

Bob Dylan, 50 años de su primera grabación.

 

Agencia RTV Noticias

por Ricardo Rodríguez…

Hace unos días me preguntaba un amigo qué hacía a Justin Bieber tan famoso, con tantas niñas desviviéndose por él, con tantas ventas de discos y tanta más gente criticándolo (principalmente los hombres).

XALAPA. Dic. 13, 2011 – La respuesta obviamente no la tengo, pero sí me parece que tiene mucho que ver la ausencia de héroes infantiles. Hannah Montana, Jonas Brothers, la camada High School Musical, emergieron, vendieron y cayeron en cuestión de instantes. Ellos como otros “artistas plásticos” (jaja no había notado ese juego de palabras) pueden tener carisma, atractivo visual, muy buena voz, dinero para adquirir productores-amigos-payola, e incluso alguno que otro sabrá tocar la guitarra o escribir algunas líneas.

Pero el resultado es generalmente el mismo: aparecen, se inflan, explotan y desaparecen.

Es evidente que si aparece un tipo solitario, feo, despeinado, con voz nada agraciada, ropa con más o menos los mismos adjetivos, no le apostemos un peso a su carrera.

Pero resulta que hace medio siglo, Robert Allen Zimmerman, un muchacho que contaba con 20 años de edad y una descripción similar a la anterior, grababa su primer disco, el primero para el sello Columbia Records que llevaría por título el nombre que hoy gran parte del mundo conoce: Bob Dylan.

La ejecución sencilla de guitarra, el acompañamiento de una armónica y una voz, digamos… particular, fueron sólo la parte musical de lo que el público conoció en ese entonces, una cantidad de letras e ideas tan fuertes, profundas y personales que lograban empatía con quien la escuchara.

Era la época del rock and roll y el folk sólo estaba en ferias del pueblo. Pero en la década de los 60, Dylan y algunos otros conceptos similares como Johnny Cash (Jackson, con su esposa June Carter ) o Joan Baez (aquí interpreta Blowin’ in the wind, de Dylan), las buenas letras adquirieron mucha importancia, principalmente en cuanto a mensajes antibélicos, en favor de las minorías o de los movimientos civiles.

Los años 60 no sólo fue la época del sexo tan libre como las drogas y los excesos, fue la época adolescente de nuestro mundo moderno y, por lo tanto, la música social y filosófica proveía de identidad a los jóvenes de entonces.

La música de Bob Dylan tenía gran peso literario, reconocía las tradiciones de ciertas sociedades de los Estados Unidos que se habían dejado de lado. El blues, góspel, country nutrían al rock and roll quitando la atención de los jóvenes hacia el folk. Pero Dylan no tenía necesidad de voltear hacia allá, simplemente era parte de eso, era parte de la música “no pop”.

En octubre de 1961, el productor John H. Hammond conoció a Bob Dylan tocando la armónica para la grabación del tercer álbum de Carolyn Hester. Sin dudarlo, Hammond le propuso su primer contrato para realizar un disco que incluyó sus composiciones Song to Woody (aquí con subtítulos) y Talkin’ New York, así como The house of the rising sun (de autor desconocido y cuya grabación más antigua data de 1934 por Gwen Foster y Clarence Ashley, quien la aprendió por su abuelo).

En general, el disco no fue bien recibido. Columbia quería terminar el contrato pero Hammond y Cash (firmado también con la disquera) le defendieron.

Para el segundo álbum, The Freewheelin ‘Bob Dylan, ya había mayor confianza en el cantautor, principalmente por los temas A hard rain’s a-gonna fall y Blowin’ in the Wind, esta última se convertiría en un himno, no sólo en reconocimiento al autor, sino a una generación que buscaba pelear pacíficamente para terminar la guerra, que no entendía por qué los líderes de sus países enfrentaban a jóvenes para solucionar sus conflictos y que lo único que encontraban coherente hacer era buscar la respuesta en el viento.

Ya en The times they are a-changin’, el tercer disco, las composiciones de Bob Dylan eran de tinte francamente político como Only a pawn in their game(Sólo un peón en su juego) o The lonesome death of Hattie Carroll (La solitaria muerte de [la mesera negra] Hattie Carroll).
La música de Bob Dylan ha sido desde entonces tan sincera que no tuvo reparo en cambiar su estilo. Seguramente él considera que cante lo que cante, si es honesto, tiene un estilo propio. Con esa idea llegóAnother side of Bob Dylan (Otro lado de Bob Dylan, 1964), con más humor que crítica y más romance que sarcasmo.

A algunos no les gustó este cambio, parecía que dejaba el folk a un lado para interesarse en el rock y pop, como la mayoría de sus contemporáneos. Todo se tambaleó cuando al año siguiente incluyó en el álbum Bringing it all back home instrumentos eléctricos. El disco tenía como bandera el rock and rollToo much monkey business, original de Chuck Berry (quien en esta versión toca con Keith Richards) y por la otra cara una canción totalmente folk, Mr. tambourine man.

Hasta ahí, el público se dividía de una forma inteligente. Algunos compraban el disco por el lado A, otros por el lado B. Pero cuando ambas audiencias se juntaron en el Newport Folk Festival y Dylan apareció con una banda eléctrica, se encontró con que sus seguidores de folk eran mayoría. Los abucheos e insultos competían con los amplificadores y la necedad del cantante por seguir con su presentación. Al final, Bob siguió tocando pero con un repertorio más corto que lo esperado.

El cambio de estilo fue tan espontáneo que el autor sólo pudo refugiarse en sí mismo, sin preocuparse mucho por los fans, pero sí preguntando abiertamente a sus amigos dónde quedaron, con el tema Positively 4th Street (“Tienes mucha cara para decir que eres mi amigo. Cuando yo estaba deprimido, tú estabas por ahí riéndote”).

Pero en julio de 1965, con el lanzamiento del sencillo Like a rolling stone, regresó su público, el aplauso, las altas ventas (los amigos) y la polémica, pues la duración del tema rebasó los seis minutos, tiempo risible para una canción de la época, pues se esperaba que un éxito fuera fácil de cantar y recordar en menos de tres minutos. Like a rolling Stone, sea con Dylan u otro intérprete, tiene un claro sonido folk, la letra es folk, es nuevamente una protesta al mundo acostumbrado a ignorar… pero también incluía el sonido de una banda completa y eléctrica. Su gente se comenzaba a reconciliar.

Los conciertos se intentaron solucionar de forma similar al disco anterior, se dividieron en dos partes, la primera con un Dylan interpretando solitario en el escenario el material de sus inicios; en la segunda parte era acompañado por una banda eléctrica.

Pero no fue suficiente. En Inglaterra, al final del último concierto de una gira por Australia y Europa, una persona del público gritó a Dylan “¡Judas!”. El músico se acercó al micrófono: “No te creo. Eres un mentiroso”, luego se dirigió a la banda y les ordenó subir de volumen para interpretar la última canción de la noche, Like a rolling Stone.

Salvo ocho años de retiro entre 1966 y 1972, a causa de un accidente de motocicleta (que algunos afirman, no existió), Bob Dylan no ha parado. Ha tenido etapas de mayor y menor producción y ventas, pero sus conciertos en todo el mundo se siguen llenando.

Quizá ya no es tan desaliñado como al principio, su ropa es de mejor calidad, su voz sigue siendo igual de nasal y áspera, quizá se siente ahora más solitario que en su juventud y seguramente ahora eso le importa menos. Pero hoy por hoy, no existe alguien con el tamaño de Bob Dylan, excepto Robert Allen Zimmerman.

Por eso hoy lo recordamos a 50 años que comenzó su primer disco. ¿Será que podamos hacer lo mismo con Justin Bieber?

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